El cierre sostenido de kioscos en todo el país encendió una señal de alarma en el comercio minorista, y Santa Fe no queda al margen. Aunque la capital provincial muestra algunas particularidades económicas que amortiguan el golpe, referentes del sector advierten que la caída del consumo ya tiene un impacto concreto y profundo.
Según datos difundidos por la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (Ukra), en Argentina bajan la persiana entre 50 y 70 kioscos por día. La cifra surge de información de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (Arca) y de empresas tabacaleras, y refleja una combinación explosiva: menos ventas y costos cada vez más altos.
Ricardo Mascheroni, referente de Ukra en Santa Fe, explicó que el fenómeno no solo se mide en locales que cierran definitivamente. “Cuando se habla de cierres también se incluyen las bajas de comercios que dejan la formalidad o se desinscriben”, señaló. Es decir, además de persianas bajas, hay un corrimiento hacia la informalidad o el abandono de la actividad.
Consumo en retroceso
El dato más preocupante para el sector es la merma constante en las ventas. Los kioscos, históricamente sostenidos por productos de compra impulsiva —golosinas, cigarrillos, bebidas— hoy enfrentan un consumidor más selectivo, que prioriza lo indispensable.
A esto se suma el incremento de tarifas, alquileres, impuestos y costos de reposición, que achican márgenes hasta volver inviable la actividad para muchos pequeños comerciantes.
El “amortiguador” santafesino
Mascheroni destacó que la ciudad de Santa Fe tiene una alta proporción de empleo público, lo que genera cierta estabilidad en los ingresos y amortigua parcialmente el impacto de la crisis. Sin embargo, aclaró que esa característica no alcanza para neutralizar la tendencia nacional.
Un comercio en riesgo
El cierre masivo de kioscos no es un dato menor: se trata de uno de los rubros más extendidos en barrios y zonas céntricas, muchas veces emprendimientos familiares que sostienen economías domésticas.
El escenario actual combina caída del consumo, presión impositiva y pérdida de rentabilidad. Para el sector, el panorama es “caótico” si no se revierte la tendencia económica general.
Mientras tanto, cada persiana que baja no solo marca el fin de un comercio: también refleja el enfriamiento de la economía cotidiana que se vive en las calles de Santa Fe.














