Turismo
¿Conviene vacacionar en Argentina en 2026? Un país barato para comer y dormir, caro para vestirse y comprar tecnología
31/12/2025 - 08:26
De cara al verano 2026, la pregunta se repite entre turistas locales y extranjeros: ¿Argentina es un destino caro o barato? Un informe reciente de la Fundación Mediterránea–Ieral ofrece una respuesta tan clara como incómoda: el país es barato para vivir la experiencia turística, pero caro para consumir bienes.
El estudio, que comparó precios de alimentos, servicios y bienes durables en diez países de América, Europa y Asia, muestra una Argentina partida en dos. Mientras comer afuera, alojarse y moverse resulta competitivo frente al mundo, comprar ropa, calzado o electrónica puede costar más que en destinos tradicionalmente caros.
Comer y salir: una ventaja para el turismo
Para quienes planean recorrer el país en vacaciones, la noticia es alentadora. En alimentos y bebidas, Argentina se ubica en una posición intermedia y, en muchos casos, favorable frente a otros países.
En una canasta de productos básicos, Argentina es más barata que Estados Unidos, Francia, Australia, Corea del Sur y México, donde los precios resultan entre un 70% y un 100% más altos. Incluso frente a destinos regionales, la diferencia sigue siendo atractiva: es más barata que Chile y Colombia en varios alimentos clave.
Productos emblemáticos del turismo gastronómico argentino —como la carne bovina, el queso y las papas— figuran entre los más baratos del relevamiento. Esto explica por qué para el turista extranjero una parrilla, una comida completa o una salida nocturna siguen siendo un “buen negocio” en dólares.
La contracara es el agua mineral, donde Argentina aparece como uno de los países más caros, un detalle que no pasa desapercibido en plena temporada de calor.
Servicios: hoteles y gastronomía, en precios razonables
El informe confirma una tendencia que el sector turístico viene señalando: los servicios locales mantienen precios competitivos gracias a salarios en dólares relativamente bajos y a un tipo de cambio real que, aunque se apreció, sigue por debajo del promedio histórico.
Esto vuelve atractivos los destinos de verano —costa atlántica, sierras, Patagonia o litoral— para turistas regionales, especialmente brasileños, chilenos y uruguayos, que encuentran alojamiento y gastronomía a valores más bajos que en sus países.
El problema llega al shopping
Donde Argentina deja de ser conveniente es cuando el turista quiere comprar. El estudio revela que el país es uno de los más caros del mundo en indumentaria, calzado y productos electrónicos, rubros típicos del consumo vacacional.
Zapatillas, vestidos y freidoras de aire encabezan el ranking de productos más caros entre los diez países comparados. Autos, motos y electrodomésticos también muestran precios muy superiores a los internacionales.
Esto implica que el clásico “turismo de compras” juega claramente en contra: vestirse para el verano, renovar calzado o comprar tecnología resulta más barato en Chile, Brasil, Estados Unidos o incluso en destinos europeos.
Big Mac: termómetro de la volatilidad
El Índice Big Mac ilustra bien esta dualidad. En enero de 2025, la hamburguesa costaba 7 dólares en Argentina, ubicándola entre las más caras del mundo. Era más cara que en Brasil (19%), Chile (10%) y Colombia (10%), aunque similar a Australia.
La comparación es clave para el turismo: comer en restaurantes puede ser accesible, pero ciertos precios emblemáticos revelan lo rápido que cambia el costo de vida en dólares.
¿Destino turístico conveniente?
De cara al verano 2026, la conclusión es clara: Argentina es un país atractivo para vacacionar, pero no para comprar. Conviene venir a disfrutar de la comida, los paisajes, la hotelería y los servicios; no tanto a llenar la valija de ropa o tecnología.
El informe atribuye esta distorsión a un problema estructural: alta protección comercial, impuestos elevados y restricciones a las importaciones, que encarecen los bienes pero no los servicios.
Para el turismo, el desafío es doble. Por un lado, capitalizar la ventaja en gastronomía y hospitalidad. Por otro, evitar que la percepción de “país caro” se imponga por los precios visibles en vidrieras y shoppings.
Argentina, una vez más, no es ni cara ni barata: es profundamente desigual. Y en vacaciones, esa diferencia se siente en cada decisión de gasto.















