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Milei abrió el debate por el tipo de cambio en el Gabinete: qué dicen los números sobre un dólar bajo

11/10/2026 - 11:04

Milei abrió el debate por el tipo de cambio en el Gabinete: qué dicen los números sobre un dólar bajo

En la Argentina hay dos temas sobre los que todos tienen una opinión formada: el fútbol y el dólar. Con Lionel Messi ya retirado de la selección, las miradas se concentran en quién debería ocupar su lugar. Algo similar ocurre con la cotización de la divisa estadounidense. El viceministro de Economía, José Luis Daza, lo repite sin demasiado eco: “En el mundo ya nadie debate sobre cuál debería ser el tipo de cambio real de equilibrio, sencillamente porque es imposible saberlo”.

Las redes sociales y la viralización de opiniones hacen que cada semana aparezca algún enfoque novedoso. Solo en los últimos quince días surgieron propuestas de todo tipo sobre qué hacer con el tipo de cambio: aplicar un impuesto a la compra de dólares en los bancos, llevar la cotización a $3.500 y resistir el impacto, o gravar los gastos en el exterior para que los dólares de Vaca Muerta “no terminen en Miami” —y ahora agregaron “o en París”—. También están quienes reclaman que el Banco Central acelere las compras para impulsar una suba del tipo de cambio, quizás olvidando que ya adquirió casi USD 15.000 millones.

La novedad de esta semana fue la decisión de Javier Milei de llevar el debate puertas adentro del Gabinete Nacional. La presentación de Alberto Ades marcó un hecho inédito, ya que nunca antes se había invitado a un economista profesional a este tipo de encuentros. Sí son conocidas, en cambio, las charlas en Olivos del Presidente mano a mano con otros profesionales como Juan Carlos De Pablo.

La advertencia de Ades y los argumentos del equipo económico

El execonomista jefe de Goldman Sachs planteó la situación con crudeza: “El tipo de cambio está 29% más bajo que el promedio de los últimos 23 años, incluso por debajo del valor que tuvo durante el gobierno de Mauricio Macri en 2017”. Con valores similares, a aquel gobierno le estalló la crisis cambiaria en 2018 y necesitó el salvataje millonario del FMI.

Sin embargo, el propio Ades aclara que el contexto actual es muy distinto. El alto superávit comercial y una cuenta corriente positiva son reaseguros que en aquel momento no existían. Es el mismo argumento que más utiliza el equipo económico para desestimar una devaluación: “¿Por qué precisaríamos un dólar más alto si este año tendremos récord histórico de exportaciones?”, se preguntan.

 

La advertencia de Ades que conviene tomar en serio pasa por la sostenibilidad de un tipo de cambio apreciado en la Argentina. Según expresó él mismo, el actual nivel aún “deberá ser convalidado”.

Países como Corea del Sur, Israel y Chile atravesaron procesos de fuerte apreciación cambiaria. Pero fue después, y no antes, de dar un fuerte salto exportador, mejorar la productividad, consolidar los números fiscales y realizar fuertes inversiones en tecnología.

Términos de intercambio y el real brasileño

Los términos de intercambio también son muy favorables para la Argentina. Lo que el país exporta tuvo un fuerte salto de precios —en particular el barril de petróleo por encima de los USD 100, pero también la soja— y lo que importa no aumentó.

A eso se suma la revaluación del tipo de cambio en Brasil. En poco más de un año el dólar pasó de 6 reales a menos de 5 en la última semana, tras la victoria de Flavio Bolsonaro en las elecciones. Este verano las playas brasileñas serán un destino bastante más caro para los turistas argentinos. La apreciación del real le quita presión a la supuesta necesidad de la Argentina de tener un tipo de cambio más alto, algo que casi ni aparece en las discusiones.

Entre las compras del Banco Central, las exportaciones récord, el superávit de cuenta corriente, la revaluación en Brasil y la mejora de los términos del intercambio se desvanecen uno a uno los argumentos sobre la necesidad de promover un tipo de cambio más alto.

 

El comportamiento del mercado corrobora lo anterior. La brecha entre el contado con liquidación y el dólar oficial existe, pero es apenas del 5%. Cualquier empresa que precise girar dólares al exterior y no pueda hacerlo por el cepo puede recurrir al CCL pagando ese plus. Esa pequeña diferencia muestra además que el cepo cambiario ya se volvió casi irrelevante. Pocos días después de su presentación en Casa Rosada, Ades planteó en redes sociales quiénes podrían beneficiarse de un tipo de cambio más alto. Tras enumerar algunos sectores que podrían mostrar una mejora —como construcción o turismo receptivo—, aclara de inmediato que una devaluación generaría un impacto negativo en los salarios.

Pero la discusión respecto a los beneficios de un dólar más alto sigue siendo relativa. La construcción, por ejemplo, tuvo buenos años durante el kirchnerismo, pero por otros motivos. Por un lado, el Gobierno impulsaba la obra pública a partir de un esquema basado en corrupción: las empresas debían pagar un retorno por cada adjudicación, ni bien recibían el primer adelanto.

En cuanto a la construcción residencial, el estricto cepo cambiario de los gobiernos kirchneristas favorecía la inversión en ladrillos. Era la manera que encontraban las empresas y también muchos individuos para preservar el ahorro y no quedarse en pesos. A la industria le pasa algo parecido. No era el dólar alto lo que le permitió sostenerse en los últimos años. En realidad, fue el privilegio de acceder a dólares baratos por el cepo y luego vender en el mercado local al tipo de cambio libre.

Esa brecha del 100% o incluso más alta generó ganancias millonarias en muchas empresas y enriqueció a los funcionarios que autorizaban la entrega discrecional de esos dólares.

Para el Gobierno, debate zanjado

Para el Gobierno el debate está cerrado. No hay argumentos para fomentar un salto discrecional del tipo de cambio. Pero sí se mantiene el desafío del crecimiento, luego de un 2026 decepcionante. Ya casi todas las consultoras estiman que el PBI crecerá menos de 2% este año y concentrado en muy pocos sectores que traccionan: agro, energía y minería.

 

La estabilidad cambiaria le permite al Gobierno mantener la inflación bajo control. La de la ciudad de Buenos Aires arrojó 1,8% en septiembre y la nacional que se conocerá esta semana se mantendría alrededor de ese nivel, lo que implica un pequeño repunte después del 1,7% de agosto. El economista Fernando Marull estimó que para octubre podría volver a 1,7%.

Con la evolución del dólar y la inflación sin sorpresas por el momento, ahora todas las miradas confluyen al nivel de actividad. Con los datos de agosto, ya es un hecho que la economía entró en “recesión técnica”, al acumular dos trimestres consecutivos de caída.

La buena noticia es que se trata de un fenómeno breve, ya que el último trimestre mostraría un repunte interesante. Incluso la expectativa es que los datos buenos de septiembre dejen atrás la abrupta caída de julio. No es exagerado afirmar que la recesión terminó antes de comenzar.

Para este último trimestre del año se espera que la actividad mejore alrededor de 1,7%, de la mano de salarios que seguirán mejorando respecto a la inflación. De esta forma, la recesión quedaría atrás, ya que además se espera un repunte adicional en los primeros meses de 2027.

Todo apunta a que el Gobierno ingrese al año electoral con un poco más de aire. Algo de mejora en el nivel de actividad, inflación en baja, dólar estable y salarios recuperando marginalmente frente a la inflación. Es probable que también se observe una recuperación gradual del consumo.

No es un escenario ideal y está lejos de asegurar una victoria electoral. Pero en principio se logró evitar una crisis cambiaria, manteniendo la expectativa de un buen resultado en las elecciones.

La victoria de Flavio Bolsonaro, que deberá ser confirmada en segunda vuelta, deja dos lecturas posibles para analizar el escenario en la Argentina. Por un lado, demostró que a los oficialismos les cuesta sostenerse en el poder en Latinoamérica, como ya había sucedido en Chile, Perú y Colombia.

Pero al mismo tiempo, que buena parte de la región haya girado a la centro derecha también demostró que la población se agotó de los discursos de la izquierda populista. La justicia social prometida y la mejora en la distribución de la riqueza se fueron transformando con el paso de los años en promesas vacías.

El kirchnerismo, sin embargo, no logra salir de esa lógica: insiste exactamente con las mismas recetas que le dieron resultado hace veinte años, pero que ya hace años fracasan en toda la región y también en la Argentina. Se trata posiblemente del principal activo del Gobierno: la resistencia de una mayoría a volver a las políticas del pasado.

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