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Escuelas sin recursos: tras el tiroteo, el Estado se corre de la contención
20/04/2026 - 07:46
Las declaraciones del ministro de Educación de Santa Fe, José Goity, luego del tiroteo en San Cristóbal abren un debate incómodo pero necesario: ¿hasta dónde llega la responsabilidad del Estado en el cuidado integral de los estudiantes?
Afirmar que “tener un psicólogo por escuela es imposible” puede ser realista desde lo presupuestario, pero resulta insuficiente frente a un contexto de creciente conflictividad, ansiedad y violencia en ámbitos escolares. La discusión no debería reducirse a si es viable o no un profesional por institución, sino a qué estrategias concretas existen hoy para prevenir situaciones críticas.
El problema es que, tras hechos de alto impacto, la respuesta oficial parece limitarse a marcar lo que no se puede hacer, sin detallar con claridad qué alternativas sí están en marcha o se van a implementar. En ese vacío, crece la sensación de desprotección en las comunidades educativas.
Tampoco se trata de caer en soluciones simplistas como la instalación de detectores de metales. La violencia escolar no se resuelve solo con medidas de control, pero tampoco puede abordarse sin presencia sostenida de equipos interdisciplinarios, capacitación docente y espacios de escucha reales para los estudiantes.
El sistema educativo santafesino cuenta con más de 5.000 establecimientos, lo que vuelve compleja cualquier política universal. Sin embargo, la escala no puede ser excusa para la inacción. Existen modelos intermedios posibles: equipos zonales, intervención por demanda, redes con centros de salud y dispositivos comunitarios.
Después de San Cristóbal, el desafío no es solo evitar que se repita un hecho extremo, sino reconstruir la confianza dentro de las escuelas. Y eso requiere algo más que descartar medidas: exige decisiones, inversión y una política clara de cuidado integral.
Negar la posibilidad de ampliar la contención sin ofrecer un plan alternativo sólido deja a la escuela en un lugar frágil, obligada a sostener problemáticas cada vez más complejas con herramientas limitadas. La pregunta no es si se puede, sino cuánto se está dispuesto a priorizar.













