El narcotráfico golpea con fuerza en distintos puntos de América Latina, pero la magnitud, la estructura y el impacto institucional varían profundamente entre países y regiones. La comparación entre México y la provincia de Santa Fe permite dimensionar esas diferencias.
México: cárteles, poder territorial y violencia extrema
En México, organizaciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) o el Cártel de Sinaloa han desarrollado estructuras paramilitares, control territorial y armamento de alto poder, incluyendo fusiles de asalto, vehículos blindados y drones.
El reciente operativo en el que fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, evidenció el nivel de organización y capacidad de fuego de estas bandas. En distintas regiones del país, los cárteles han logrado infiltrar instituciones, disputar territorios completos y generar enfrentamientos abiertos con el Estado.
El fenómeno en México tiene alcance internacional: control de rutas hacia Estados Unidos, producción a gran escala y redes financieras transnacionales. La violencia incluye masacres, desapariciones y enfrentamientos armados de gran escala.
Santa Fe: violencia urbana y economías criminales fragmentadas
En contraste, la situación en la provincia de Santa Fe —con epicentro en la ciudad de Rosario— responde a una lógica diferente.
Aquí no existen cárteles con control territorial equiparable al mexicano ni estructuras paramilitares consolidadas. Sin embargo, se ha registrado en los últimos años una alta tasa de homicidios vinculados al narcomenudeo, disputas barriales y economías ilegales fragmentadas.
Las organizaciones en Santa Fe operan principalmente en el microtráfico, con estructuras más pequeñas, aunque igualmente violentas. El problema central radica en la disputa por puntos de venta, la utilización de sicarios y la articulación con redes carcelarias, que en muchos casos ordenan delitos desde el interior de los penales.
Diferencias clave
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Escala: México enfrenta cárteles con proyección internacional; en Santa Fe predominan bandas locales o regionales.
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Armamento y logística: En México se observan armas de guerra y vehículos blindados; en Santa Fe, el armamento es menor pero igualmente letal en contextos urbanos.
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Control territorial: Los cárteles mexicanos han llegado a controlar amplias zonas; en Santa Fe, el control es focalizado y fragmentado.
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Impacto institucional: En México el narcotráfico desafía directamente al Estado en varios niveles; en Santa Fe, el desafío es principalmente urbano y ligado a la seguridad provincial.
Un denominador común: violencia y fragilidad social
Más allá de las diferencias, ambos escenarios comparten factores estructurales: desigualdad social, economías informales, debilidad institucional y corrupción.
Mientras México enfrenta una guerra prolongada contra organizaciones de alcance global, Santa Fe combate un fenómeno más acotado en escala pero altamente disruptivo para la vida cotidiana, con fuerte impacto en barrios vulnerables.
La comparación deja en claro que no se trata del mismo problema en términos de dimensión, pero sí de una amenaza común que exige políticas sostenidas, coordinación judicial y estrategias integrales que combinen seguridad, prevención y desarrollo social.

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