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Renunció Reidel, otro golpe al discurso anticorrupción del gobierno

10/02/2026 - 06:37

Renunció Reidel, otro golpe al discurso anticorrupción del gobierno

La salida de Demian Reidel del directorio de Nucleoeléctrica Argentina (NASA) no fue un recambio técnico más. Ocurrió este mediodía, en medio de denuncias por presuntos sobreprecios, una licitación bajo sospecha y una interna feroz dentro del Gobierno, y volvió a encender alarmas sobre la gestión y los controles en empresas públicas bajo la órbita libertaria.

Reidel, asesor del presidente Javier Milei, presentó su renuncia tras el escándalo generado por una contratación cuestionada para servicios de limpieza en dos centrales nucleares, que derivó además en el desplazamiento de dos directores que le respondían. Aunque desde el oficialismo evitaron dar explicaciones de fondo, las fuentes consultadas confirmaron que la situación se volvió políticamente insostenible.

La empresa renovó casi todo su directorio, manteniendo solo a Diego Chaher, actual titular de la Agencia de Transformación de Empresas Públicas. En lugar de Reidel fue designado Juan Martín Campos, especialista en seguridad nuclear y reactores, un perfil técnico que busca bajar la tensión y ordenar una gestión jaqueada por sospechas.

NASA no es una firma menor: administra las centrales nucleares del país y genera entre el 7% y el 8% de la energía eléctrica nacional. Por eso, las denuncias internas por contratos inflados golpean de lleno el discurso oficial de transparencia, eficiencia y lucha contra “la casta”.

Llamativamente, el Gobierno apuró la asamblea de accionistas, cuando estos cambios suelen realizarse en abril, junto con la presentación de balances. Desde diciembre, el accionista mayoritario ya no es la Secretaría de Energía sino la Secretaría de Asuntos Nucleares, dependiente del Ministerio de Economía, a cargo de Federico Ramos Nápoli. El corrimiento institucional refuerza la lectura de una reconfiguración de poder acelerada por el escándalo.

Mientras en lo discursivo el oficialismo insiste en que “no hay tolerancia con la corrupción”, en los hechos las denuncias se repiten, las explicaciones escasean y las renuncias llegan sin investigaciones concluidas. La salida de Reidel deja una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿se trata de un gesto de transparencia o de un cortafuegos político para que el escándalo no escale?