La Plaza Colón de Santa Fe, uno de los espacios públicos más cargados de historia y vida cotidiana del centro de la ciudad, se prepara para una transformación profunda. La Municipalidad pondrá en marcha una obra de puesta en valor que promete cambiar la forma de habitar este clásico paseo urbano, conocido por generaciones de vecinos simplemente como “el Palomar”.
Ubicada en un punto neurálgico, rodeada de tránsito intenso, paradas de colectivos y actividad comercial, la plaza funciona como un lugar de paso, de espera y de encuentro. Esa dinámica fue clave al momento de pensar el proyecto, que busca modernizar el espacio sin borrar su identidad ni su peso simbólico.
Uno de los cambios más visibles se dará en el centro de la plaza. El histórico piletón será resignificado a través de una intervención que modifica su relación con el entorno y con quienes lo transitan a diario. El nuevo diseño apuesta a una fuente a nivel del suelo, con un espejo de agua al ras y chorros ornamentales, pensada para ser más accesible y de mantenimiento sencillo.
En esa transformación aparecerá también un elemento con fuerte valor patrimonial: el relieve de la provincia de Santa Fe, que hoy permanece oculto, volverá a emerger como parte central del conjunto, permitiendo que los visitantes puedan reconocerlo y apreciarlo.
La accesibilidad es otro de los ejes centrales de la obra. Las veredas perimetrales serán renovadas con adoquines intertrabados de hormigón, en sintonía con el entorno urbano del área céntrica. Se incorporarán rampas en las esquinas, alineadas con los cruces peatonales, y baldosas podotáctiles para personas con discapacidad visual, con el objetivo de ordenar recorridos y garantizar un uso más inclusivo del espacio.
La intervención apunta, además, a integrar la plaza con su entorno inmediato y con otros espacios verdes cercanos, reforzando su rol como nodo urbano y lugar de permanencia, y no solo de paso.
En medio de estos cambios, hay un punto que despierta especial atención entre los santafesinos: el futuro del Palomar y de las palomas que le dieron nombre y carácter al lugar. Un símbolo urbano, cargado de recuerdos, postales y debates, que vuelve a quedar en el centro de la escena mientras la Plaza Colón inicia una nueva etapa.















